martes, 26 de julio de 2011

Como la vida puede amargarle a uno la vida, o Don Quijote de la Mancha.

Resulta que un loco caballero andante,

Quería a Dulcinea como su amante.

Calzó la armadura sobre su flaco cuerpo,

Cerró la puerta, y regó el huerto.

Subiose a su caballo Rocinante,

Llevando por si acaso un calmante.

Prometiéndole el oro y el moro a Panza,

Se encajó su yelmo y empuñó la lanza.

Trotando por esos caminos de España,

Todo honor, valiente y sin maña.

Un buen día salieron de la Mancha,

A caballo porque no tenían lancha.

Sin dinero, ni comida para hincar los dientes,

Fueron ultrajados con palabras hirientes.

De él la gente al verlo se reía,

Se mofaban y le pegaban cuando sus palabras oían.

El infeliz de las burlas haciendo caso omiso,

Siguió buscando en cada vuelta el paraíso.

Un molino con su aspa fulgurante,

Le parecía un enorme y gazmoñero gigante.

Eh tú, le gritó con voz firme, no me ataques,

Porque he de matarte a pesar de mis achaques.

Y arrojose con un impulso desmedido,

Terminando en el suelo adolorido.

Así siguió su tortuoso camino errante,

Buscando afanoso a su amada infante.

Al final con su espíritu roto y humillado,

Se dio cuenta que en este mundo tan abrutado.

Los sueños y la fantasía no son una virtud,

Y que en la tierra rige la ingratitud.

Cabizbajo volvió el heraldo a su pago,

Con su vida hecha un estrago.

Y despertose a éste mundo cruel y duro,

En donde para soñadores no hay futuro.

Pero que sería de nuestra vida sin los sueños,

Andaríamos como sombras y no como dueños,

De nuestro destino de cada día,

Para vivirlo lo mejor en armonía.

¡Así que sueñen, gente sueñen!

Eso se lo recomienda toda piola, vuestra compañera Viola

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